La Vanguardia_25/07/2009_La directiva del Palau de la Música exige explicaciones a Fèlix Millet
Veinticuatro horas después del registro del Palau, el acusado no había dado explicaciones
Josep María CortesIndignación general. Es el estado de ánimo de los miembros del patronato de la Fundació Orfeo Català-Palau de la Música, que ayer pasaron el día pegados al teléfono hablando unos con otros, una vez que, transcurridas más de 24 horas del registro policial del Palau, Fèlix Millet no hubiera dado explicaciones por lo menos a los miembros de la comisión delegada, según manifestaron ayer varios de ellos consultados por este diario. Algunos manifestaron su disgusto ante el rechazo de Millet a convocar de forma urgente una reunión de la comisión delegada.
La mayoría de los consultados creen que esa reunión debe celebrarse de inmediato y "en ella debería producirse el cese de Millet, pues la institución no puede continuar en esta situación ni un día más".
La gente está de vacaciones es el argumento de los próximos a Millet. Sin embargo, todos coinciden en que la postura de Millet, que no ha salido públicamente a defender su inocencia y su gestión, daña a la institución.
Fèlix Millet Tusell lleva más de 30 años en el puente de mando de una las instituciones con mayor respetabilidad de la sociedad civil catalana. La tradición pesa. Casi tanto como la presunción de inocencia de Millet, y de la tradición pende la credibilidad del presidente de la institución aunque las diligencias judiciales abiertas por la fiscalía apuntan directamente hacia él. La fundación del Palau ha invertido cerca de 25 millones de euros, producto de donaciones, esponsorización y patrocinio (con casos emblemáticos como La Caixa, Caja Madrid, Telefónica o Repsol, entre otros) desde el 2000.
Justamente aquel año, cuando se iniciaba la gran transformación del entorno arquitectónico del Palau, Millet consiguió una vía de financiación del Gobierno central, gracias a la complicidad de José María Aznar, basada en las gestiones de algunos de sus valedores catalanes del momento, como Borja García Nieto (actual presidente del Círculo Ecuestre) y miembro de Patronato 2000, el segmento con mayor dinamismo de la Fundació Palau. A este sector pertenecen empresarios y profesionales y entre ellos destaca el mismo Manuel Carreras Fisas. Carreras, a quien diversas fuentes señalan como el posible sustituto de Millet, desempeña una vicepresidencia de la fundación, cargo que comparte con otros vicepresidentes, como Maria Font de Carulla y Leopoldo Rodés Castañé, presidente del Museo de Arte Moderno de Barcelona (Macba) y significado promotor de iniciativas público/privadas.
La inconcreción de Millet acabó fraccionando al grupo directivo a lo largo de la tensa jornada. Algunos de los cargos más cercanos al presidente fueron desmontando con el paso de las horas la sucesión pactada en la figura de Manuel Carreras, que, según su criterio, no cuenta necesariamente con el apoyo de la "mayoría cualificada". Para otros, entre los que se percibe el impulso de los grandes mecenas, el relevo está cantado.
En todo caso y sea cual sea el inmediato desarrollo de los acontecimientos, el tiempo juega a favor del cese de Millet, un presidente de gran recorrido que ha aplicado fórmulas imaginativas, como la financiación de sillas o filas de la platea del Palau y la esponsorización por partes del impresionante órgano, con la posibilidad de financiar tubos del instrumento y hasta notas musicales. Millet ha hecho posible la entrada de fondos, ha dotado de prestigio internacional al proyecto y, finalmente, ha conseguido otra cosa más importante: el entusiasmo popular.
Sin embargo, incluso sus allegados cierran filas con el resto a la hora de pedir transparencia: "Queremos que nos dé explicaciones". De momento, Millet se resiste a convocar una reunión urgente de su comisión delegada porque sabe que ello significa su cese. Alega el inicio de las vacaciones. Pero se equivoca; ayer, nadie se permitió el más mínimo desliz. La crispación de algunos (sus afines) y la severidad de otros (los partidarios de su cese inmediato) no auguraba precisamente ningún asueto.
La probable inculpación de Millet no es el debate. Sólo importan las consecuencias del movimiento de la fiscalía. Sus causas recorren un amplio abanico que va desde el error hasta la truculencia política. Pero el objetivo ahora es proteger la institución.

